Todas aquellas personas que tienen licencia de caza y la practican con asiduidad deben protegerse para no sufrir la sordera del cazador, un daño crónico que se produce en el oído interno al someterse a ruidos que superan una cantidad elevada de decibelios.

El ruido que producen el equipo de fuego supera los 140 decibelios por lo que desde la Organización Mundial de la Salud se advierte que durante la práctica de la caza se superan los 150 decibelios. Esta exposición al ruido de los disparos hace que se pueda llegar a la sordera, teniendo un cazador cuatro veces más probabilidades que una persona que no practique la caza.

Tras sacarse la licencia de caza se han de tener en cuenta las medidas de protección necesarias para la práctica de este deporte, algo que no hace el 64 por ciento de los cazadores que cuentan con licencia de caza, algunos por comodidad y otros por desconocer el riesgo que corren al exponerse al ruido de los disparos.